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CAPITULO 2: 4 DE OCTUBRE

Eran las 3 de la tarde del 4 de octubre, Alejandro González había realizado planes para ir a festejar el cumpleaños de su abuelo Porfirio, por lo que se dirigió al restaurant La Lupita, lugar que había escogido para tener una platica y por supuesto felicitar a su abuelo, pero la razón no era precisamente esa, o al menos el cumpleaños de su abuelo no era el principal motivo de la elección, sino que por esos rumbos trabajaba Fátima, una joven que había sido su gran amor a lo largo de la carrera universitaria, Alejandro sentía aun ese sentimiento, que en algunos momentos llegaba al borde de la obsesión, sin embargo, no tenia el suficiente valor para acercársele y decirle que aun vivía en su mente y sus recuerdos eran los motivos de las borracheras en el bar, y por supuesto de las únicas lagrimas derramadas aquella noche en que la relación llego a su final.

Alejandro no tenia complicaciones, acababa de cumplir 25 años y en cuestiones profesionales le iba muy bien, tenia su trabajo en una estación de radio local, su salario le alcanzaba para la comida y la renta del departamento que compartía con su abuelo, sin embargo de vez en cuando se sentía solitario, y aun mas cuando alguno de sus compañeros de escuela comentaban sobre Fátima y su relación amorosa con Fernando de la Mora, político joven que aspiraba a los puestos altos del gobierno municipal.

Al llegar al restaurant, Alejandro se acerco a la mesa donde su abuelo lo esperaba, degustaron de una comida de cuatro tiempos, en donde no podía faltar el plato de arroz blanco, frijoles charros, chicharrón en salsa verde y el arroz de leche que eran del agrado de los dos comensales, la sobremesa fue dirigida hacia los planes de Alejandro, el cual había dejado las clases de artes marciales que tanto le gustaba a su abuelo, el cuestionamiento era la razón por la cual no retomaba su carrera y volvía a participar en el torneo anual que tantas veces había asistido pese a su problema de ser algo falto de cualidades y habilidades técnicas en las artes marciales, la anécdota recurrente era aquella caída de la primera participación, donde al tratar de dar una patada resbaló y su codo golpeo su quijada dejándolo inconsciente por unos instantes.

Pasadas las 6 de la noche, Alejandro recordó que había pasado el toque de queda implementado por la policía municipal a raíz de la presencia de E.L.I.T.E, razón por la que acompañado por su abuelo se dieron prisa para abandonar el restaurant y pasar la noche encerrados en el departamento, lamentándose de no saber manejar caminaron por la ya oscura ciudad.

Habían caminado 5 cuadras cuando las sirenas de las patrullas comenzaron a sonar, explosiones y sonido de ametralladoras eran el fondo musical de la noche iluminada por el fuego que salía de las ventanas cuadradas del palacio municipal, sin duda alguna, Alejandro sabia que se trataba del aniversario de E.L.I.T.E por lo que exhortó a su abuelo a apresurar su andar.

A un kilómetro del departamento, Alejandro y su abuelo fueron emboscado por cuatro pandilleros que cubrían su rostro con mascaras de calaveras, cortaron el paso del abuelo y de una patada en las piernas hicieron que sus rodillas cayeran fuertemente al piso, sin dar tiempo a quejarse una patada al pecho del abuelo provoco la reacción de su nieto Alejandro, el cual fue atajado por dos de los vándalos, el mas alto de ellos, saco una pistola y la colocó sobre la sien del anciano, acto que imitó el cuarto pandillero – ya sabes cabron, danos todas tus pertenencias – dijo uno de los malhechores, apresuradamente Alejandro tiró su cartera, su reloj rolex de imitación y su celular que no marcaba el numero 2 cada vez que lo tecleaba, sin darle oportunidad de hablar, una lluvia de golpes cayó sobre su cuerpo, quedando noqueado luego de un tablazo en la nuca propinado por uno de sus captores, los asaltantes sostuvieron sus brazos y lo llevaron frente a su abuelo – despídete hijo de puta, que a este anciano le vamos a hacer el favorcito de darle un boleto pa’l cielo, mientras tu disfrutas del infierno – Alejandro, alzó la mirada desfallecida solo para apreciar como al mismo tiempo ambas pistolas detonaban sobre las sienes de su abuelo y luego caer inconsciente sobre el cuerpo del abuelo.

Al despertar, Alejandro vio como el cuerpo de su abuelo había sido clavado a la pared, y en su pecho una letra “e” de fuego iluminaba aquel pasillo oscuro, arriba del cuerpo un graffiti con la leyenda que decía: “Vamonos por partes: Jack el Destripador”, con lagrimas en los ojos se decidió a descolgar a su abuelo.

El amanecer se confundía con las llamas de los edificios que aun no eran apagados por los temerosos bomberos que aparte de trabajar tenían que planear el funeral de alguno de sus compañeros asesinados horas antes; Alejandro tomó el cuerpo de su abuelo y lo enterró en el cementerio cercano, la rabia lo fue invadiendo, y aumentaba cada vez que veía una patrulla, o algún televisor donde se mostraban escenas de lo ocurrido en la noche, y los títulos de las noticias que se referían a una noche de ELITE.

Lleno de odio, rabia y sed de venganza, arribó a su departamento, se sentó en la sala y comenzó a llorar cual niño, luego de unos minutos, se bañó para posteriormente dirigirse a su cuarto, se colocó una playera azul marino y un pantalón negro, alzó la mirada y vio una gabardina negra que le había regalado su abuelo en su cumpleaños, al quererla alcanzar cayo y accidentalmente abrió el ultimo cajón de su ropero, en el cual guardaba todos los accesorios de artes marciales, lleno de rabia los tomó, se puso el abrigo, antes de salir de la habitación, vio a lo lejos una bufanda color azul marino y cubrió su rostro de la nariz hacia abajo, se miró al espejo y vio aquella imagen de venganza en sus ojos, por lo que colocó la parca de la gabardina sobre su cabeza, rompió de un golpe el vidrio, en su andar por el departamento, recordaba los momentos felices que había pasado con su abuelo, en la ventana se postró un ave color negra con azul, al que su abuelo llamaba zanate, mismo nombre que había puesto el abuelo como mote de Alejandro por decir que era corriente y negro como un zanate, por lo que no aguantó mas la rabia y juró acabar con cada uno de los miembros de E.L.I.T.E y así poder vengar la muerte de su abuelo.

Alejandro salió del departamento, antes de cerrar la puerta, tomó fuertemente una cadena con el símbolo del ying-yang, retiró la capucha de su cabeza por un instante, y colocó la cadena sobre su cuello, nuevamente cubrió su cabeza con la parca y salió apresuradamente, el estaba consciente que la noche del 5 de octubre, había nacido un alter ego en él, y no había mejor forma de honrar a su abuelo que llamarse El Zanate.

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