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CAPITULO 3: LA NOCHE DEL ZANATE


El Zanate salió aquella noche en busca de los cuatro asaltantes que habían asesinado a su abuelo, para ello recordaba la forma en que en los tiempos de su niñez, el maestro de artes marciales le había enseñado a ser ligero y silencioso, tal como aquellos cuentos de ninjas que le contaba su abuelo cada noche antes de dormir, el único problema que tenia es que estaba un poco fuera de forma, así que cada vez que trataba de saltar alguna banca de metro y medio caía de boca, en una ocasión por poco se traga la medalla, que si no fuera por la bufanda ya estuviera atragantándose con aquel preciado objeto.

Luego de unos buenos golpes en la cabeza, decidió dejar por esta noche sus intentos de convertirse en el próximo samurai, por lo que decidió caminar por las oscuras calles de la ciudad, el panorama era fantasmal, ya que no existía persona fuera de sus hogares, las luces de las casas estaban apagadas, apenas se podían apreciar destellos de velas al interior de uno que otro departamento; cuando todo estaba tranquilo y en el justo momento en que Zanate había decidido regresar a su hogar, escuchó un grito de auxilio que retumbaba entre las paredes de los callejones cercanos, por lo que se dio prisa buscando aquella persona que corría peligro.

Al doblar la cuadra se encontró con el panorama aterrador, una mujer se encontraba rodeada por dos sujetos, su ropa estaba desgarrada y los hombres con sus ropas negras trataban de quitarle un pequeño bolso; por la apariencia de la dama, se podría notar que no contaba con mucho capital, pero en estos tiempos ya no se trataba de la cantidad robada sino el numero de robos cometidos en una noche, durante el forcejeo, el bolso dio a parar a los pies de Zanate, este al bajar la mirada pudo apreciar que del bolso salía un espejo de oro, el cual en el reverso tenia la foto de una señora de 70 años, y en el mango tenia escrita la leyenda: “Para mi hija Angélica”; al ver que Zanate estaba presente en la escena, los malhechores corrieron hacia la posición del nuevo vigilante, al rodearlo uno de ellos dijo: “¿que ves idiota? – el segundo soltó una carcajada irónica – ahora cualquier imbecil se disfraza, el problema es que día de muertos aun no pasa, ¿Qué buscas?, ¿te gusta la morrita?”; el asaltante hizo una breve pausa al ver que Zanate no se movía ni mostraba algún indicio de miedo, sin embargo en el interior sus huesos temblaban tanto que sonaban como maracas en pleno carnaval, al sentir esto Alejandro no pudo aguantarse la risa y comenzó a sonreír, no sabia si eran los nervios o bien la emoción de tener su primera oportunidad de desquitar su ira.

Bien se dice que no es la ira sino la risa la que mata, y esta frase era bien aplicada en este escenario, debido a aquella carcajada de Zanate, el cólera había inundado cada una de las entrañas de los asaltantes por lo que ambos decidieron atacar al hombre disfrazado que tenían frente y que a su parecer era presa fácil para los dos, en ningún momento paso por sus mentes que la persona a quien iba a atacar era tan débil, y tan novato en las cuestiones de violencia, por lo que saltaron para tratar de someter a Zanate, este, al tratar de huir piso la correa de la bolsa de la doncella haciendo que resbalará, este golpe de suerte ocasionó que los vándalos chocaran sus cabezas entre si, por lo que dio la oportunidad de salir avante de ese embate, sin embargo, en lugar de que esto fuera un incentivo para huir de la escena, Zanate se lleno de rabia y arremetió contra los asaltantes, al primero le recetó una dosis de puñetazos en la cabeza, y dos patadas sobre su mano izquierda, al caer el vándalo trató de llevar su mano derecha hacia el bolsillo de su chamarra, sin embargo un rodillazo a tiempo evitó tal acción, de esa chaqueta, salio una navaja equinox que para el asaltante era demasiada fina para haberla comprado; Zanate, se percató del objeto y lo tomó, de prisa tomo del cuello al vándalo y de un rápido movimiento introdujo la hoja filosa sobre el abdomen del malhechor; al hacer esta acción el sentimiento de venganza le lleno la cabeza, provocando que su mano girara bruscamente dentro del cuerpo de su rival; lo soltó y lo aventó hacia la pared, se dirigió al segundo asaltante que se encontraba completamente pasmado al presenciar tanta ira sobre los ojos del personaje.

Zanate aprovechó este momento para tomar del cabello al asaltante, luego de golpear 5 veces el rostro de este sobre el húmedo piso, el malhechor comenzó a gritar clemencia a su agresor, petición que pronto vio respuesta ya que cansado de tal esfuerzo el encapuchado se incorporó dejándolo en el piso, todo parecía que había acabado, pero aun quedaba una cosa por hacer, el Zanate se dirigió hacia el bolso, lo tomó y lo entregó a la dama, la desilusión había caído sobre Zanate, ya que había vivido con la idea hollywoodense de que el héroe siempre rescata a las bellas damas, nunca se imagino que su primer trabajo seria a la persona que menos entraba en los parámetros de la típica chica de las películas, su nariz era lo mas cercano a una hoz, porque hasta los picos de las aves, inclusive el de un zanate, era mas bonito que aquella parte nasal de la dama, por lo que esta vez, el beso estilo spiderman tendría que esperar.

Cansado y tratando de huir de la imitación de bruja de disney, Zanate dio media vuelta, tan solo había dado 3 pasos cuando retrocedió, se colocó en cuclillas sobre el asaltante sobreviviente, sostuvo sus orejas fuertemente y acercó el rostro hacia el suyo, ayudado por la cualidad de modular la voz, Alejandro con un tono grave dijo: “dile a todos en E.L.I.T.E que El Zanate ha llegado, y que sus días de anarquía han terminado, esta ciudad ya no les pertenecen, ahora ustedes me pertenecen”, acto seguido se alejó hasta desaparecer dentro de la niebla de aquella noche.

La noche había terminado, el sol rojizo se asomaba por los edificios grises de la ciudad, en la azotea de uno de ellos se encontraba Zanate, imagen que siempre había anhelado realizar desde que leía las historias de los superhéroes de antaño, sin embargo, ahora sabia que tenia una mayor responsabilidad que esa imagen ya no era un juego, y que a partir de ese día, su vida estaba separada entre Alejandro González y El Zanate, siendo este ultimó la llave de la liberación de todos sus temores, incluido aquel pavor que tenia cuando se encontraba en las alturas .

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