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CAPITULO 9: REENCUENTRO


Con las heridas sanadas, Alejandro se dio el tiempo para descansar al Zanate, buscaba la manera de distraer su mente, sin embargo el éxito era nulo, ya que por su mente pasaban miles de preocupaciones sobre la estabilidad de la ciudad después de aquella confrontación en el Castillo Gris, por lo que decidió alejarse por un rato de su hogar y dirigirse al cine para por lo menos dos horas olvidarse de los problemas.

Toda había transcurrido como era planeado, había comprado su combo con nachos bañados de queso, su refresco de naranja y por supuesto el balde de palomitas para acompañar las aventuras de la película cómica del momento; los problemas comenzaron cuando salía de aquella sala de proyección, ya que en ese momento logró apreciar al peor enemigo de Alejandro, al enemigo que le robaba el pensamiento y que alguna vez tuvo la oportunidad de demostrar su rabia, se trataba de Fernando de la Mora, pero esta vez no iba en compañía de Fátima, sino de una hermosa joven de pelo negro y ojos verdes, unas curvas tan pronunciadas que hacían babear a los cinéfilos del Teatro Municipal; la primera idea que se le vino a la mente fue la esperanza de que ya no estuviera ligado sentimentalmente con Fátima, sin embargo, notó que la bella dama, entregaba un portafolio y se alejaba sin pronunciar palabra alguna; molesto, Alejandro sabia que debería de llamar a su inseparable amigo: El Zanate.

Siguió al político por varias calles, hasta que el destino le puso una prueba a su consciencia, dentro de un carro plateado salió aquella chica que tanto le quitaba el aliento, Fátima; su vestido negro entallado hacia que Zanate se pusiera nervioso, y deseaba tomarla de la mano y ser la persona que la llevara de su brazo; después del lapso hipnótico, Alejandro vio que se dirigían a una fiesta celebrada en el Hotel Puerta del Este, la curiosidad combinada por las ganas de ver a Fátima, lo obligaron a colarse entre los invitados.

Dentro de la fiesta habían grandes personalidades de la política, Pedro Garza, el dirigente nacional del partido al que pertenecía Fernando se encontraba al pie de la mesa devorando las charolas de bocadillos que ahí se encontraban, la periodista Lucia Montesinos trataba de encontrar alguna historia con el gran escote que dejaba idiotizado a más de un político, y para su mala suerte, en el fondo, Fernando y Fátima se encontraban abrazados bailando la música que salía de los violines de la pequeña orquesta contratada para el evento.

Zanate, ocultado por el pasillo que dirigía hacia la cocina, veía a la pareja bailar y de vez de cuando fundirse en un beso, la vista no era agradable pero pronto fue interrumpida por una mano femenina que sutilmente tocó el hombre del enmascarado; “tú debes ser el Zanate, ¿a quien espías?”, Alejandro estaba nervioso al verse descubierto, sin decir alguna palabra se adentró a la cocina para desaparecer por unos instantes de la dama.

Alejandro había comprendido que era momento de dejar a un lado a Fátima con Fernando y buscar el maletín, razón por la que se dirigió hacia los cuartos; le resultó demasiado fácil saber cuál era el de Fernando, ya que se encontraba custodiado por 4 hombres, realmente, no causaban mayor problema para Zanate, debido a que el factor sorpresa siempre estaba de lado del justiciero, en tan solo unos segundos los guaruras cayeron al suelo, Zanate sin pensarlo entro en el cuarto.

Registró cada cajón que ahí se encontraba hasta que encontró el maletín en el lado izquierdo de la cama, por un momento comenzó a reír y es que había puesto de cabeza todo el cuarto sin fijarse en las camas para encontrar de la manera más obvia el misterioso paquete; al abrirlo se dio cuenta que estaba repleto de billetes; la dudas sobre la legalidad del dinero inundó la mente de Zanate, sin embargo, no era lo único que tenía en la cabeza, ya que una pistola se encontraba en su nuca; “suelta eso o disparo”, le dijo la persona que lo tenía encañonado, la sangre de Alejandro se congeló al escuchar la voz de Fátima, pero no era el momento de ser pasivo había que actuar rápidamente y salir del lugar, por lo que de un solo movimiento desarmó la mano; “estos no son juguetes para una dama como usted” – mencionó Zanate en tono irónico – “a ti que te importa, eres un delincuente” – contestó Fátima – “¿sabías que este maletín está repleto de billetes? ¿Aun no te llama la atención del porque de la balacera de aquella tarde en que te salve?, señorita Fátima esto huele mal, y ni usted ni nadie podrá detenerme” – explicó Zanate; Fátima se quedó intrigada por las palabras del justiciero, el cual, se alejó corriendo por el pasillo.

Antes de abandonar el Hotel, Zanate volvió al salón de fiestas para realizar otro vistazo de la reunión, en ella se pedía la presencia de Karina Arreola, la dueña de Industrias Marte, aquella industria que meses antes desacreditaba al Gobierno por cuestiones ambientales; para la sorpresa de Alejandro, se trataba de la misma dama que lo había descubierto; al tomar el micrófono y saludar una ráfaga de balas se dirigió hacia el podio de honor, Zanate se abrió paso sobre la multitud aterrorizada, y tomó a Karina para evitar que no le impactaran las balas y después, llevarla a un lugar seguro, al ver que ya no la dama no corría peligro Zanate se abalanzó sobre el agresor, al cual colgó de la lámpara que se encontraba en el centro de la pista; giro su vista para ver quien había sido herido, todos estaban ahí menos Fernando de la Mora, por lo que salió corrió en su búsqueda, no tardó mucho en encontrarlo, ya que se encontraba hablando por teléfono un piso abajo del salón de fiestas, Alejandro notaba una serenidad en la conducta del político por lo que se acercó para escuchar la conversación; “no sé qué pasó, otra vez ese enmascarado vino y nos echo a perder el plan, esta noche Karina debía morir” – dijo Fernando – Zanate se disponía a atraparlo, sin embargo antes de realizar algún movimiento, llegó Fátima y se llevo a Fernando fuera del edificio.

“Esta es nuestra pelea ahora” – indicó Karina quien se encontraba a espaldas de Zanate, quien al voltear, pudo apreciar esos ojos azules que hacían brillar la cara de la dama castaña – “¿de qué hablas?” – Cuestionó Zanate – “un día ve al Edificio Central de Industrias Marte y te explicare, ahora tienes que salir de aquí, la policía llegará en cualquier momento”, Zanate sin decir palabras salió del edificio lleno de dudas y con el cuerpo y aquellos ojos azules en su mente.

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