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CAPITULO 13: MARITZA

Por una semana, Alejandro deja atrás su alter ego, y quiso vivir unos días fuera de tanta violencia, de vez en cuando veía a Fátima caminar por las angostas avenidas del centro, razón por la que al observarla a lo lejos decidía cobardemente huir del lugar o buen esconderse en alguna tienda, inclusive una ocasión por equivocación se metió a un establecimiento de corsetería fina, logrando las miradas extrañas de la gente que se encontraban dentro y fuera del lugar.

Una de las aficiones de Alejandro antes de convertirse en el justiciero nocturno era el de asistir al cine, admirar las historias que por dos horas hacían olvidar los problemas que él vivía y verlos reflejados en otras personas, de hecho, solía sentarse en la cafetería de las salas e inventar historias sobre los asistentes; cientos o quizá miles de historias pasaron por su cabeza, desde las más excéntricas a las más normales pasaban a ser parte de la vida de los otros. Dentro de su pequeño descanso del Zanate, Alejandro decidió rehacer esta actividad.

Eran las 7 de la noche, unas palomitas casi al borde de convertirse e n rancias, un hot dog con mayonesa y cátsup solamente y el refresco sabor naranja que tanto disfrutaba tomar eran su compañeros ese día, después de tres historias, entre ellas la de la infidelidad de una señora de edad avanzada con un joven de 20 años, decidió ingresar a la sala cinematográfica, como era su vieja costumbre contó 7 filas y se sentó en la butaca número doce de la octava fila. Después de unos cuantos segundos, su mirada se centró en una bella joven, personalidad agradable, ojos color miel, sonrisa pegajosa y un caminar que hipnotizaba a los asistentes masculinos en la sala; las luces se apagaron, después de hora y media de una película aburrida, Alejandro abandonó el teatro sin volver a ver a aquella muchacha.

Al siguiente día, en la estación todo corría con normalidad, su jefe le entregaba el trabajo, las típicas bromas después de un partido de futbol y el nuevo aburrimiento por no enfrentar a villanos en la calle acompañaron la jornada laboral, sin embargo todo cambio cuando volvió a ver a la chica del cine entrar a las oficinas, “ella es Maritza, y estará haciendo su servicio social con nosotros” indicó Antonia, quien era encargada del departamento de Staff de la estación, lo que continuaría seria el martirio para Alejandro ya que lo comisionaron para ser el guía de turistas de la nueva integrante; entre monosílabos y frases con poco sentido, el recorrido llevo a conocer un poco de esta chica, entre su sonrisa contagiosa y el nerviosismo que causaba en el Zanate espantado, Alejandro averiguo que el máximo sueño de Maritza era ser actriz, brillar bajo los reflectores del teatro y ver su nombre en las luces del Teatro Nacional, recinto que había albergado grandes espectáculos de la talla de Broadway.

A los pocos días, Maritza se había convertido en el deseo de varias trabajadores de la empresa, Alejandro solamente veía como se peleaban entre ellos por quedar bien con la chica, no faltaba aquel que le invitaba el café, el que la llevará a casa, e inclusive aquel que inventaba historias sobre los demás pretendientes con la finalidad de hacerlos a un lado, realmente divertía la situación a Zanate, quien en su papel de humano se mantenía al margen de la situación.

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